domingo, 4 de octubre de 2015

Higuera, "Ficus carica L."

La popular higuera (Ficus carica L.) es la representante natural del género Ficus en Europa, su nombre latino, Ficus, provendría del nombre dado en esta lengua tanto al higo como a la higuera, y carica, podría quizás provenir de la región de Καρία, Karía, antigua región histórica situada al sudoeste de la actual Turquía.

Foto 1. Higos verdales recogidos en Bogarra, Albacete.

La denominación latina de este árbol, que es igual que la de su fruto, nos puede llevar a pensar en la importancia que ha tenido éste desde antiguo para su consumo tanto como alimento como con un uso medicinal. De este último, en la cuenca del Segura destacaríamos  las siguientes aplicaciones: consumidos como laxantes, para la indigestión (secos), realización de jarabe para resfriados y mitigación de la tos, infusión de hojas para reducir el azúcar en diabéticos, emplasto de hojas para sanar tumores, empleo del látex (savia) para curar heridas, verrugas e incluso la impotencia. De todos estos usos, al menos se puede comprobar científicamente para los higos algunas propiedades como son: cierta actividad espasmolítica, mejora del tránsito intestinal y actividad antinflamatoria (Gilani et al. 2008).

En cuanto al árbol en sí, es un arbusto o pequeño árbol caducifolio, monoico, que puede alcanzar los 10 m de altura. Con porte muy extendido y copa anchamente redondeada.

Foto 2. Higuera re-faldada por el ganado que deja todas sus ramas a la misma altura del suelo.

Tienen las higueras el tronco tortuoso, con corteza grisáceo-blanquecina (Foto 3), áspera, poco agrietada, salvo en la base de los ejemplares muy viejos, y sus ramas extendidas.

Foto 3. Tronco de higuera, obsérvese la corteza lisa y gris-blanquecina.

Con frecuencia las viejas caen al suelo por su propio peso, haciéndose rastreras, pudiendo llegar a producir éstas nuevas higueras por acodo (Foto 4). La corteza de las ramas viejas es del mismo color que la del tronco, un poco menos áspera. En cuanto a las ramas más jóvenes, son verdosas, ásperas y con pelos cortos.

Foto 4. Nuevas higueras surgidas por acodo natural de una rama que tocaba el suelo.


Las hojas son grandes, alternas, de forma variable aunque profundamente palmeadas (Foto 5), con lóbulos enteros o poco divididos, raramente aparecen hojas casi enteras o incluso enteras. El haz es de color verde oscuro, rugoso y áspero, con pelos cortos, y el envés glauco, más claro y menos áspero, con pelos similares. Tienen un pecíolo largo y tanto las ramas como las hojas producen un látex blanquecino, acre e irritante, que ha sido usado en ocasiones para combatir caries y verrugas en la piel, como ya habíamos comentado, así como para cuajar la leche.

Foto 5. Hojas de higuera con su típico lobulado.

Tanto las flores masculinas como las femeninas son diminutas, las primeras se sitúan por encima de las segundas que se muestran con el ovario bien desarrollado, aunque otras lo tienen atrofiado, siendo estériles. En el interior de este receptáculo es donde una avispa procede a la polinización o “caprificación”, dando lugar a los frutos, que son un conjunto de diminutos aquenios encerrados en un sicono o “higo”, procedente del receptáculo acrescente y carnoso (Foto 7), piriforme, primero verde y más o menos erguido, y al madurar va de verde a purpúreo-negruzco, colgante hasta que cae al suelo. 

Foto 6. Brevas y hojas incipientes sobre una rama del año anterior.


Florece de marzo a junio, y nos da su delicioso fruto de septiembre a octubre, según la temperatura. Algunas higueras producen otra generación de frutos de mayor tamaño, las brevas (Foto 6), a finales de junio o primeros de julio.

Foto 7. Sección de un higo donde puede observare su carnosa y rojiza textura.

Este curioso hecho, de dar fruto dos veces al año, provoca una reflexión de Díaz Cassou en la Passionaria murciana (1897), donde se exponen algunas ideas arraigadas en la cuenca del Segura, tal como sigue:


"En nuestros campos y huerta, estuvo muy acreditada la idea de que Judas se ahorcó de una higuera: el contacto del cuerpo abominable vició la madera de este árbol, que, desde entonces, para nada sirve, ni aun para quemar; y es árbol que no tiene la gala de la flor y, sí, el castigo de llevar dos frutos cada año, mientras que los demás llevan sólo uno”.

Y ya que nos ponemos a hablar de las tradiciones y mitos asociados a este mediterráneo árbol, os contamos que en la mitología judeo-cristiana la higuera aparece en varias referencias, así, es considerada uno de los árboles símbolo de la abundancia, incluso en el relato bíblico de Adán y Eva se establece que éstos utilizaron una hoja de higuera para cubrirse durante su expulsión del paraíso.

En la tradición romana, bajo una higuera ubicada a orillas del río Tíber encalló la cesta dentro de la cual estaban Rómulo y Remo, siendo recogidos por una loba al pie del árbol, se dice que dicha higuera alimentó también a los fundadores de Roma.

Figura 1. Rómulo y Remo, de Rubens
Fuente: Blog Arte para niños
Y para los helenos existían distintos mitos sobre el origen de este árbol,  los principales serían dos: el primero narra que en los orígenes del mundo actual, durante la lucha entre los gigantes y cíclopes (partidarios de Zeus) contra los titanes (partidarios de Cronos) venció Zeus, siendo los titanes encerrados en el Tártaro, pero el único Titán que pudo regresar de éste fue Syke y lo hizo en forma de higuera, de ahí el origen de este árbol. El otro mito, muy considerado en Grecia, relata que la higuera fue creada por Dioniso al que a veces se le ve coronado con sus hojas en las representaciones gráficas del dios, y los primeros higos del año solían ser ofrecidos a esta deidad.

Ha sido en esta cultura el higo en el mundo vegetal algo similar al cerdo en el animal: un símbolo de la fecundación y de la generación de la vida. De hecho, es capaz de renacer de la base del antiguo tronco (Foto 8) cuando la copa del árbol se deteriora con el paso de los años por el paso de éstos o por alguna contingencia (rayos, exceso de poda, etc.).

Foto 8. Rebrotes nuevos de una higuera que ha perdido el tronco.

La higuera fue para los helenos el primer árbol cultivado por sus frutos y, a juzgar por los restos arqueológicos, también lo fue para los habitantes de la península ibérica. Existe información de su presencia en el sudeste ibérico durante la última glaciación en el Pleistoceno superior, en concreto unos 17.360 años AP, en un yacimiento de la localidad alicantina de Crevillente (Badal 1995).  Y a partir del Neolítico la presencia de restos de madera de higuera en yacimientos ibéricos son relativamente abundantes (Carrión 2012), lo que indica su importante uso como especie cultivada.

El origen de la higuera se sitúa en el área del Mediterráneo, aunque cultivada y naturalizada se halla ampliamente distribuida por otras regiones de todo el mundo, en terrenos muy diversos, con suelos profundos o raquíticos, con frecuencia en roquedos y hasta en muros artificiales, como vemos en la Foto 9; en ambiente de semiárido a húmedo; desde el nivel del mar hasta unos 1.500 m de altitud.

Foto 9. Pequeña higuera creciendo en una fisura
entre las losas bajo una papelera.

En cuanto a la temperatura, vive mejor en climas cálidos, por lo que no asciende  mucho en altitud, donde la nieve y el hielo frecuentes pueden impedir su establecimiento. 

Finalizamos ya comentando que la higuera silvestre F. carica var. caprificus auct. [Ficus carica subsp. rupestris(Hausskn.) Browicz],  higuera borde o cabrahigo, aparece un poco aquí y allá por  todo tipo de terrenos. Las cultivariedades se han usado desde antiguo por toda la Región de Murcia para la producción de higos, por lo que hoy resulta difícil determinar qué es silvestre, subespontáneo o cultivado.

Foto 10. Higueras en las inmediaciones del municipio de Águilas, en un ambiente árido y cálido.


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