domingo, 10 de diciembre de 2017

Fresneda del Capitán. Bullas

Una imagen invernal para empezar esta entrada que nos lleva a uno de los municipios "frescos" de la región de Murcia. No, no nos hemos equivocado; efectivamente, esta hoja escarchada de la Foto 1 no es de fresno "Fraxinus angustifolia", es de uno de los quejigos "Quercus faginea" que acompañan al grupo de fresnos que conoceremos hoy, y en los que ya no quedan hojas en el momento de las fotografías.

Foto 1. Hoja de quejigo escarchada por el frío de la mañana en el Estrecho del Capitán
Esta fresneda, un bosquete singular ya que no encontramos demasiadas arboledas de este tipo en el sudeste ibérico, y menos aún en la región de Murcia, se ubica en una vaguada donde hay presencia de agua freática, junto a un camino de herradura, y es que, como sabemos, estos árboles necesitan mucha humedad, y aquí se encuentran protegidos en una zona de umbría en la que han conseguido crecer y en la que hay rebrotes que, por ahora, garantizan su supervivencia. Se trata de un grupo de fresnos aislados de sus congéneres presentes en otros cauces ubicados a kilómetros de ellos, por lo que posiblemente quedó aislada hace siglos donde hoy está, y ahora es un vestigio de épocas pasadas más húmedas.

Foto 2. Fresneda del Capitán
En el entorno donde nos ubicamos también se localizan otros árboles caducifolios, tales como quejigos, según ya habíamos adelantado, olmos (Ulmus minor) , algún álamo (Populus alba) y los omnipresentes en casi todo el territorio murciano pinos carrascos (Pinus halepensis)No obstante, estos últimos avanzan peligrosamente hacia el lecho de la depresión, ocupado por los caducos, representando una seria amenaza al encontrarse en desventaja  estos últimos frente a los carrascos debido a la pertinaz sequía que aparece cada vez con mayor frecuencia.

Foto 3.  Regenerado de pinos ocupando la vaguada de la fresneda, conformada por sólo rebrotes.

Aparte de la competencia con los pinos que en este lugar están siendo ya favorecidos por el aumento de temperaturas generado por el cambio climático, factores antrópicos también son una amenaza para esta arboleda que en el pasado pudo recibir impactos directos por el arreglo del camino y cambio de la tubería anexa, por lo que toda acción de acondicionamiento de dichas infraestructuras debería llevarse a cabo con las suficientes medidas preventivas para no impactar negativamente sobre la ya mermada fresneda. Máxime, si tenemos en cuenta que se halla en el límite de su óptimo ecológico y amenazada por el cambio climático que preconiza un descenso de precipitaciones para el sudeste ibérico y aumento de temperaturas con el subsiguiente incremento de la evapotraspiración.

Foto 4. Talud del camino, cuyo futuros arreglos podría impactar contra la fresneda.
Por lo demás, la zona fue cultivada, al menos hasta hace unas pocas décadas, relegándose los fresnos a los bordes de los bancales, es decir a los ribazos, existentes entre las piezas cultivadas donde eran respetados hasta cierto punto, al tratarse de árboles que producen un excelente ramón para el ganado, sobre todo durante el estiaje cuando gran parte del pasto está seco.


Foto 5. Cultivos atenazando la fresneda en su límite oeste.
Nos hemos puesto un poco dramáticos, pero ya veis que este singular bosquete tiene muchas papeletas para desaparecer, así que esperamos equivocarnos y que, al menos lo que esté en manos humanas, se haga para que no se cumplan estos negros presagios.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Torca del Melojar, Vianos

Llegado el otoño (aunque no las lluvias) al sureste peninsular, nos desplazamos a disfrutar de los colores de los melojos "Quercus pyrenaica" en uno de los parajes más espectaculares de las Sierras del Segura, la Torca del Melojar. Como curiosidad comentamos que el nombre específico de este roble, pyrenaica, es poco afortunado, ya que es prácticamente imposible hallarlo en los Pirineos. El botánico alemán Karl Ludwig von Willdenow lo nómino así para la ciencia por primera vez, basándose en muestras secas de herbario en las que una etiqueta les atribuía dicha procedencia y las reglas de nomenclatura botánica obligan a respetarlo.

Foto 1. Primer plano de robles melojos. Suelo tapizado de  helecho águila "Pteridium aquilinum".

Los melojares son un tipo de bosque de carácter subatlántico,  que representan muchas veces el tránsito entre lo mediterráneo y lo templado. Su área peninsular es muy amplia y tienen una gran importancia, siendo más o menos frecuentes en el centro y mitad norte alcanzando por el sur, muy localizados, Sierra Nevada y las montañas de Cádiz. Es por eso que también este meridional bosque, con una extensión de unas 27 hectáreas, constituye la masa monoespecífica más significativa de la Sierra del Segura. Aislado de las principales poblaciones ibéricas de melojos, es especialmente singular, dado su carácter relicto en este enclave.

Foto 2. Panorámica de la Torca del Melojar

Este es el tipo de roble que, después del quejigo (Q. faginea) más resiste a la sequía y a los climas de carácter continental, casi siempre sobre terrenos silicatados o calizos muy lavados por las lluvias, sustituyendo habitualmente en altitud a encinares y alcornocales. No encontramos, en este caso, alcornocales (demasiado frío el lugar) en el ascenso hasta la torca, sin embargo sí vemos unos bellos ejemplares de quejigos "Quercus faginea" que hacen más agradable si cabe el paseo, Foto 3. En cualquier caso, este melojar es un baluarte de su especie que debe ser conservado a toda costa, puesto que es una reserva de biodiversidad única en el límite de la cuenca del Segura, donde no existe ningún melojar similar. Además, ante un escenario de cambio climático, para el que se espera un descenso de precipitaciones y aumento de temperaturas, este bosque estará muy amenazado por dicha circunstancia, por lo que es nuestro deber hacer lo posible para que se encuentre en las mejores condiciones y pueda soportar dicho evento climático.

Foto 3. Quejigos en un barranco antes de llegar a la dolina donde se encuentra el melojar.
Distinguimos el primer melojo en esta subida gracias a sus grandes hojas que, poco a poco, empiezan a tapizar el suelo en otoño. Hojas simples, alternas, con pecíolo corto, hendidas en lóbulos profundos e irregulares que llegan a alcanzar los 16 cm de largo. Persisten secas y sin caer durante gran parte del invierno en los retoños y ejemplares muy jóvenes, lo que se denomina marcescencia, que parece ser una estrategia destinada a proyectar sombra sobre el suelo el mayor tiempo posible para que otras especies no aprovechen los nutrientes que en él hay. Por lo demás, el ganado doméstico presente en la zona elimina gran parte de la competencia que podría aparecer por otras especies, al mismo tiempo que impide un exceso de regenerado de los propios melojos, si bien es posible que algunas zonas de la arboleda debieran soportar una menor carga ganadera, para poder renovarse de modo adecuado, permitiendo la presencia de mayor cantidad de ejemplares jóvenes de melojo. En cualquier caso, si el ganado desapareciera del todo, el ecosistema a corto y medio plazo se desajustaría, provocándose un exceso de regenerado que podría tener unas consecuencias impredecibles para el bosque, sobre todo frente a un escenario de cambio climático como el actual.

Foto 4. Grandes hojas marcescentes aún en el árbol.

Estos árboles, que no suelen alcanzar más de 25 m de altura, presentan una copa irregular, frecuentemente lobada, y son capaces de rebrotar de raíz y cepa, con lo que nos encontramos grandes manchas arbustivas o árboles rodeados de muchos retoños. Suele ramificar en abundancia desde poca altura, y la corteza de su tronco es cenicienta o pardo-grisácea, agrietada longitudinalmente en los ejemplares viejos. 

Foto 5. Melojo monumental, como algunos otros individuos de la torca, obsérvese la presencia
de musgos y liquines, incluso por el lado sur del tronco. 

Y ya finalizamos la visita alejándonos, no sin pesar, de nuestra querida torca, que mañana es lunes ...


domingo, 12 de noviembre de 2017

Pino de la Casa de los Pozos I, Jumilla.

Como suele suceder, no recuerdo cómo fue mi nacimiento hace ya más de dos siglos, aunque lo más probable es que no fuera plantado, casi seguro nací de alguna piña olvidada por una ardilla en su escondrijo, y quiero pensar que una hamadríade me fue favorable y por eso crecí hasta convertirme en lo que hoy veis en esta cañada jumillana, dedicada desde que yo puedo recordar al cultivo del cereal en secano y el pastoreo de cabras y ovejas.


Foto 1. Pino de la Casa de los Pozos I

El pino de la Casa de los Pozos me llaman por aquí, "Pinus halepensis" es mi especie, según los botánicos, uno de tantos en esta España mediterránea, aunque si he alcanzado las dimensiones actuales es porque he sido muy apreciado en esta tierra en la que no hay mucha sombra, y tanto los hombres como el ganado se han refugiado a mi vera buscando la fresca que les proporciona mi gran copa que proyecta más de 450 m2 , bajo los que guardar aperos o echar una reparadora siesta.

Foto 2. Entorno del pino, cultivos arados.
Afortunadamente en este momento no hay acumulaciones de aperos ni leña alrededor de mi tronco, como en otros tiempos, ya que eso daña mucho mis raíces, aunque si una queja tengo es que aran muy cerca de ellas, rompiendo las más superficiales, y ya no soy joven, y cualquier cambio en mi entorno es más difícil de superar. Pero, en fin, mientras no aumenten la profundidad con que han arado hasta ahora, podré escaparme por una orilla, como la que habito y seguir contándolo.

De todos modos, no me puedo quejar de mi larga vida, podía estar muerto, de hecho hace mucho, unos 30 años, sufrí la caída de un rayo que bajó por mi tronco dejándome una quemadura y una herida que he sido incapaz de cerrar, con lo que se ha producido una gran oquedad en mi base, tan grande que podría albergar sobradamente a una persona en su interior (aunque no sea lo más adecuado hacer la prueba 😉).

Foto 3. Quemaduras producidas por el rayo.

Foto 4. Oquedad basal y crecimiento de contrafuertes de reacción a tensión para evitar caída.

Últimamente estoy teniendo problemas para mantener las ramas más elevadas de mi parte apical, por lo que lo soluciono como puedo, proporcionando más vigor a mis ramas más bajas, y dado que tengo una fisura (grieta) bastante grande entre mis ramas, no me vendría mal un apoyo fijo, porque creo que un día la madera que estoy colocando para sujetarme no será suficiente y quizá con una racha de viento fuerte podría sufrir el desgaje de una de ellas o quién sabe si algo peor. Ni que decir tiene, que dado el estado en que me cuento, de colocarse un apoyo, tendría que ser estudiando muy bien de modo previo la cuestión, por personas capacitadas profesionalmente para ello. Aparte de los problemas mecánicos comentados, también poseo hongos xilófagos, como es el caso de Phellinus pini que degrada la lignina de la madera, especialmente en zonas con presencia de heridas, lo que puede agravar mi salud y equilibro biomecánico.

Foto 5. Carpóforo de Phellinus pini , hongo  que degrada la madera  provocando podredumbre blanca..  


Durante muchos años he sido casi el único gigante de esta zona, ahora surgen otros al fondo, al Este-Noreste de mi ubicación, que D. Quijote no vería con buenos ojos, pero que al parecer, y aunque afean un poco el paisaje, no son intrínsecamente malos, y aprovechan ese viento que nos azota muy a menudo para conseguir energía eléctrica sin demasiado daño para el medio ambiente, esa energía tan necesaria para vosotros, que tanto necesitáis y tan aprisa os movéis.


Foto 6. Aerogeneradores al fondo


Hace ya un año se publicó una Ley en Murcia, que parece que nos beneficia a los árboles que ya tenemos una edad y unas dimensiones considerables, así que en este momento estoy más protegido que antaño, sin embargo, los humanos tenéis tantas cosas en la cabeza que no os dais cuenta en muchas ocasiones de la importancia que tiene conservar una vida como la mía, testigo de otras épocas en las que los aerogeneradores y hasta la electricidad eran cosa de ciencia ficción.


FICHA BÁSICA


Especie
Pinus halepensis
Nombre común
Pino carrasco
Nombre propio
Pino de la Casa de los Pozos I
Término municipal
Jumilla
Provincia
Murcia
Perímetro
5,47 m
Altura
24 m
Edad aproximada
225 años
Estado de conservación
Malo
Amenazas
Aumentar profundidad de labranza, nuevos acopios de materiales bajos su tronco.
Estatus legal
Ley 14/2016, de 7 de noviembre, de Patrimonio Arbóreo Monumental de la Región de Murcia
Plan de actuación definido
--

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Tejo de San Martín, Salas. Asturias

El Tejo de San Martín (Taxus baccata), Monumento Natural que forma parte de la Red Regional de Espacios Naturales Protegidos de Asturias, nos lleva hoy, como a tantos de vosotros, a visitar el cementerio.

Foto 1. Tejo de San Martín


El tejo, árbol venerado desde antes de la Antigüedad, y que convive en muchas ocasiones junto a ermitas y cementerios, sobre todo en la zona septentrional de Iberia, ha sido el centro de rituales, fiestas y juicios.


Foto 2. Rebrotes epicórmicos, propios de la especie en ejemplares adultos.


Este tejo monumental es de género femenino y tiene una altura de 15 m y un perímetro de tronco de 6,1 m,  y está situado junto a la iglesia de San Martín, de estilo prerrománico asturiano, que fue construida entre los siglos VIII y IX, y reconstruida en el S. X por Alfonsus Confessus. Fue rehecha en su totalidad en el S. XV y reformada en los siglos XVII y XVIII. La biología del tejo o "texu" (nombre asturiano) permite al árbol amortiguar una gran cantidad de impactos (podas drásticas, compactación, etc), pero todo tiene un límite y, aunque el árbol ha sido sometido a fuertes podas en el pasado (como lo denotan las grandes cicatrices que presenta), no conviene abusar de esta capacidad de soportar impactos que tiene la especie, menos cuando un tejo va sumando siglos a su edad, de este modo, es posible que cualquier nueva obra en su entorno radicular le afecte notablemente.

Foto 3. Réplicas de la mampostería original del Siglo X

En los paramentos exteriores de mampostería se han colocado réplicas de las piezas prerrománicas del S. X, en el lugar en que se hallaban originalmente, y consta de una nave única a la que se accede por una puerta gótica de arco ojival con tres arquivoltas molduradas sin decoración, así como un presbiterio de planta cuadrada y bóveda de crucería.

Foto 4. Arilos en primer plano, frente a la fachada principal de la iglesia.

En el mismo cementerio existe otro tejo de grandes dimensiones, con un tronco de casi 3 m de perímetro y un sistema radicular muy superficial,  producto de la alteración antrópica del entorno.

Foto 5. Raíces superficiales en el tejo de menor edad que denotan alteración
del suelo en la zona.
Dejamos ya descansando en paz a estos magníficos tejos, así como a todos aquellos que reposan junto a estos árboles que renacen una y otra vez, todos ellos en esa última espera de la inmortalidad.

Foto 6.  Iglesia y los dos tejos comentados en la presente entrada de blog.

Para saber más sobre el tejo este excelente enlace puede estar bien: https://texu.wordpress.com/tag/ignacio-abella-mina/

domingo, 22 de octubre de 2017

Pinsapos en Chefchauen, Parque Nacional de Talassemtane, Marruecos

Estamos muy viajeros últimamente, así que la publicación de esta semana se sale otra vez de la cuenca del Segura ya que, gracias a nuestra colaboración con la Sociedad de Estudios Biológicos Iberoafricanos, hemos estado una semana en Marruecos visitando el Parque Nacional del Talassemtane, muy cerca de la bella ciudad de Chefchauen.

Foto 1. Calle típica en Chefchauen con sus casas azules.

El Parque Nacional de Talassemtane abriga un gran número de especies arbóreas muy interesantes, tales como entre otros: cedros (Cedrus atlantica), roble moruno (Quercus canariensis), arce de Granada (Acer opalus subsp. granatense). Sin embargo, son los endémicos pinsapos o abetos rifeños "Abies marocana" (llamados "echuh, chohh  o snuber" por los rifeños),  los que constituyen las arboledas más impresionantes y de las que vamos a hablar hoy aquí.


Foto 2. Detalle de ramillas y piñas de Abies marocana


El pinsapo (Abies pinsapo) es, en general, un endemismo orófilo bético-rifeño con únicamente dos poblaciones divididas por el estrecho de Gibraltar, en distintos continentes, aunque separadas por sólo 100 km de distancia. Estos abetos tienen las hojas rígidas dispuestas alrededor de la ramilla, lo que le da a ésta un aspecto cilíndrico. Las hojas acaban en punta aguda u obtusa.


Foto 3. Pinsapo o Abeto del Rif con sus piñas ya maduras 

La morfología de los pinsapos andaluces y los rifeños es muy similar, y aunque últimamente resulta habitual la denominación de Abies marocanna Trab., este nombre se acepta hoy día como sinónimo de Abies pinsapo subsp. marocana (Trab.) Emb. & Maire, de hecho hay muchos autores que consideran que las pequeñas diferencias existentes, básicamente en brácteas y escamas ovulíferas, no pueden justificar una separación a nivel específico, pero ahí están para ser tenidas en cuenta.

Foto 4. Pinsapar  en la parte alta y carrascal en el primer plano, en posición más térmica.

Algunos estaréis sorprendidos ya que no es habitual pensar en Marruecos como un país de abetos, lo normal es situar a estos árboles en las regiones frescas del hemisferio norte, donde efectivamente forman grandes bosques, siendo los "Abies" con frecuencia la especie arbórea dominante en determinados bosques. 

Foto 5. Pinsapar con el mar de nubes al fondo que se acerca desde el Mediterráneo.

Sin embargo, estos pinsapos situados en la región mediterránea, han sobrevivido refugiados en la alta montaña húmeda, como testimonio de otras épocas más frías y lluviosas. Los que visitamos hoy aparecen en bosques relativamente bien conservados, en las cumbres de los montes Tissuka, Meggu, Lakrâa o Tazaot, en la región de Chauen, donde ocupan unas 4.000 hectáreas en total para todo Marruecos, lo que nos da una idea de lo valioso y vulnerable por su escasa superficie de este singular bosque que hoy día sufre cierta presión antrópica por las necesidades agropecuarias de los habitantes del lugar. Se desarrollan los pinsapos sobre el piso supramediterráneo en un ambiente de húmedo a hiperhúmedo, con más de 2000 milímetros de precipitación en determinadas zonas. Suelen crecer entre los 1.500  y 2.000 metros de altitud, sobre suelos carbonatados en Marruecos, pero lo pueden hacer sobre materiales silicatados en España.

Foto 6. Bosque mixto de abetos con caducifolios, sobre todo Acer opalus subsp. granatense. 
En las partes más bajas de estas montañas podemos encontrar acebuches (Olea europaea  var. sylvestris), coscojas (Quercus coccifera) o thuya de Berbería  (Tetraclinis articulata), y a medida que subimos llegan la encina (Q. ilex subsp. ballota), el quejigo moruno (Q. canariensis), el pino blanco (Pinus nigra subsp. mauritanica) o el pino negral marroquí (P. pinaster subsp. escarena), siendo muy abundantes también los cedros y los arces, que en esta época del año ofrecen ya un vistoso y otoñal color anaranjado.

Foto 6. Roble o quejigo moruno (Quercus canariensis).


En las zonas más elevadas el cedro del Atlas convive con el pinsapo moruno e incluso en montes que alcanzan una gran altitud con el Jbel Lakrâa el cedral llega a constituir una banda por encima del pinsapar.

Foto 8. Detalle de ramillas y piñas de cedro del  Atlas (Cedrus atlantica)

lunes, 2 de octubre de 2017

Palmitos del Poyo de la Raja

Entrado ya el otoño astronómico, nosotros vamos hoy hasta la costa cartagenera a visitar una agrupación de palmitos "Chamaerops humilis"; concretamente nos desplazamos hasta Cabo Tiñoso en Cartagena, donde, además de la vista de este singular palmitar, disfrutaremos de unos espectaculares paisajes.

Foto 1. Palmitos del Poyo de la Raja

Aunque el palmito es con frecuencia considerada la única palmera silvestre de Europa, esto no es del todo cierto ya que al menos son incuestionablemente autóctonas la palmera canaria (Phoenix canariensis Wildpret) y la palmera de Creta (Ph. theofrasti Greuter). Sus características, sin embargo, dentro del género Arecaceae  lo hacen único en el continente europeo, siendo su mayor seña de identidad sus grandes hojas, de hasta 1 m de longitud, con el limbo en forma de abanico, casi circular, con segmentos fibrosos acanalados terminados en una punta que se deteriora y deshilacha con facilidad, y en cuyo peciolo lignificado aparecen fuertes espinas laterales.

Foto 2. Observamos las grandes hojas de esta especie.

Se presenta normalmente esta palmera como una planta amacollada de hasta 2 m de altura, pero su porte natural es arbóreo, en buenas condiciones edafo-climáticas y de tranquilidad alcanza los 12-15 m de altura, aunque para nosotros es raro verlo en esas condiciones, debido a los incendios o talas a las que se ve o se ha visto sometido, y a la mala calidad del sustrato sobre el que se asienta habitualmente.

Foto 3. Grupo de palmitos en macolla

Pero aunque esto es lo habitual, la singularidad de la formación que visitamos hoy en el blog radica, entre otras cosas, en que el más alto de los palmitos de esta agrupación supera los 6 m de altura, viviendo  prácticamente sobre la roca desnuda en esta cala de difícil acceso.

Foto 4. Ejemplar de más de 6 m de altura.
Como hemos dicho, no es esta la única singularidad, probablemente la mayor es su emplazamiento, en una grieta que nos deposita justo encima de un acantilado. Bellísima agrupación y casi más bellas vistas que os dejamos disfrutar sin más palabras.





Nos trajo hasta aquí Eduardo Agüera, quien además nos contó que estos palmitos se aprovechaban, aunque es bastante complicado llegar hasta ellos, y que  el día de Navidad los pastores de la zona bajaban hasta la plataforma que hay bajo la raja y dejaban allí el ganado todo el día pastoreando, disfrutando así ellos un merecido día de descanso con la tranquilidad de que el rebaño no se iba a escapar.


lunes, 11 de septiembre de 2017

Carbayón de Valentín

Foto 1. Carbayón de Valentín

Carbayo-u le llaman en Asturias al "Quercus robur", roble o roble pedunculado es otro de sus nombres, quizá porque una de sus características distintivas es el largo pedúnculo del que cuelgan sus bellotas.

Foto 2. Bellotas del Carbayón de Valentín

Efectivamente, ya habréis averiguado que esta semana no andamos por el sureste peninsular, el área de distribución de "Quercus robur" en la península ibérica es su mitad norte, sobre todo las zonas de influencia atlántica, es rara en los Pirineos aunque alcanza algunas comarcas de Cataluña. Las localidades actuales más meridionales se encuentran en la Sierra de Sintra (Estremadura portuguesa) y Somosierra (Madrid). La podemos encontrar también cultivada como ornamental.

Figura 1. Mapa de distribución de "Quercus robur" en la península ibérica

Aprovechando las vacaciones nos llegamos hasta Asturias y visitamos uno de los mayores robles de la Península, el Carbayón de Valentín, declarado Monumento Natural (Decreto 73/1995 de 27 de abril) en el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias. Citado ya en documentos anteriores al descubrimiento de América, ha cumplido por tanto los cinco siglos de vida, aunque según datos del Principado de Asturias podría alcanzar los siete, y a pesar de su avanzada edad lo encontramos en condiciones aceptables.

Foto 3. Carbayón junto a la Ermita de San Pedro

Crece este monumental árbol junto a la Ermita de San Pedro (Foto 3), en el paraje de Valentín, Concejo de Tineo, y sus medidas son impresionantes, más de 10 metros de perímetro, y unos 16 de alto, altura que, en principio no se correspondería con su gran diámetro, pues una observación del hábito arbóreo nos permite deducir que se le ha sometido a desmoches varios, el último de los cuales  parece haber afectado a sus brazos principales hace unos 40 años.

Foto 4. Brazos del roble, obsérvese la desproporción de grosor entre los apicales
 y los basales, consecuencia de un probable desmoche hace unos 40 años.

Por lo demás, y aunque ya hemos dicho que se conserva relativamente bien, como mejora indirecta inmediata sobre el árbol, nos parece aconsejable no mantener un camino secundario bajo su copa (Foto 5), máxime cuando hay otro vial que realiza el mismo servicio en el lado oeste del roble. Pues es sabido que los caminos compactan en el suelo y esto perjudica enormemente al sistema radicular del árbol, de hecho hay ramas secas sobre la zona del camino que bien pueden deberse a la anoxia radicular provocada por la compactación del suelo bajo el vial y la subsiguiente falta de absorción de nutrientes del suelo.


Foto 5. Vista parcial del árbol y un camino secundario que discurre bajo su copa, compactando el suelo  bajo ésta.


Por otra parte, y ya para terminar, aventuramos que quizá fuera su emplazamiento junto a la ermita el motivo por el que este roble fue indultado y ha podido alcanzar su avanzada edad, ya que la madera de estos árboles ha sido muy apreciada desde tiempos antiguos, tiene un color pardo-leonado, es bastante pesada, muy dura y resiste muy bien a la putrefacción, incluso dentro del agua. Se ha usado como madera estructural y ornamental en edificios históricos, así como para la construcción de las grandes flotas de guerra y pesca. De hecho, es una de las maderas de las que se afirma sirvieron para construir el Arca de Noé, o quizá aquella que aparece en la mitología sumeria del diluvio de Guilgamesh.

Foto 6. Perspectiva en la que apreciamos la monumentalidad del roble.

Y si nos adentramos en temas mitológicos, el roble ha sido considerado un árbol sagrado, hubo carbayos sagrados que recubrían las siete colinas de roma, los celtas usaron sus hojas y el muérdago que los parasitaba en ceremonias druídicas y los astures, según relato de Estrabón, se alimentaban de un amargo pan amasado con harina de bellotas. Aún hoy, grandes ejemplares siguen dominando los espacios públicos y sirven como lugar de reunión. El que hoy hemos contemplado nos hizo pasar un buen rato bajo su amplia copa y por supuesto, si pasáis por sus inmediaciones, es una buena idea visitarlo, con respeto hacia el ejemplar y siguiendo unas buenas prácticas, como siempre.

Foto 7. Visión sur del roble, con abundantes raíces de sustentación, aunque algunas rotas.