El Tejo de San Martín (Taxus baccata), Monumento Natural que forma parte de la Red Regional de Espacios Naturales Protegidos de Asturias, nos lleva hoy, como a tantos de vosotros, a visitar el cementerio.
Foto 1. Tejo de San Martín
El tejo, árbol venerado desde antes de la Antigüedad, y que convive en muchas ocasiones junto a ermitas y cementerios, sobre todo en la zona septentrional de Iberia, ha sido el centro de rituales, fiestas y juicios.
Foto 2. Rebrotes epicórmicos, propios de la especie en ejemplares adultos.
Este tejo monumental es de género femenino y tiene una altura de 15 m y un perímetro de tronco de 6,1 m, y está situado junto a la iglesia de San Martín, de estilo prerrománico asturiano, que fue construida entre los siglos VIII y IX, y reconstruida en el S. X por Alfonsus Confessus. Fue rehecha en su totalidad en el S. XV y reformada en los siglos XVII y XVIII. La biología del tejo o "texu" (nombre asturiano) permite al árbol amortiguar una gran cantidad de impactos (podas drásticas, compactación, etc), pero todo tiene un límite y, aunque el árbol ha sido sometido a fuertes podas en el pasado (como lo denotan las grandes cicatrices que presenta), no conviene abusar de esta capacidad de soportar impactos que tiene la especie, menos cuando un tejo va sumando siglos a su edad, de este modo, es posible que cualquier nueva obra en su entorno radicular le afecte notablemente.
Foto 3. Réplicas de la mampostería original del Siglo X
En los paramentos exteriores de mampostería se han colocado réplicas de las piezas prerrománicas del S. X, en el lugar en que se hallaban originalmente, y consta de una nave única a la que se accede por una puerta gótica de arco ojival con tres arquivoltas molduradas sin decoración, así como un presbiterio de planta cuadrada y bóveda de crucería.
Foto 4. Arilos en primer plano, frente a la fachada principal de la iglesia.
En el mismo cementerio existe otro tejo de grandes dimensiones, con un tronco de casi 3 m de perímetro y un sistema radicular muy superficial, producto de la alteración antrópica del entorno.
Foto 5. Raíces superficiales en el tejo de menor edad que denotan alteración del suelo en la zona.
Dejamos ya descansando en paz a estos magníficos tejos, así como a todos aquellos que reposan junto a estos árboles que renacen una y otra vez, todos ellos en esa última espera de la inmortalidad.
Foto 6. Iglesia y los dos tejos comentados en la presente entrada de blog.
Si en nuestra última entrada hablábamos de un árbol muerto, hoy visitamos uno cuasi inmortal, un tejo (Taxus baccata), en concreto el que nos encontramos (de ahí su nombre) en el Calar del Mundo, esa plataforma amesetada situada a más de 1.600 m de altitud, cuyo sustrato litológico son rocas calizas del Mesozoico que, sometidas a la acción erosiva del agua han configurado el paisaje cárstico de dolinas, grietas, simas y cavernas con gran cantidad de cursos de agua subterráneos característico del Calar del Mundo, uno de los más bonitos y espectaculares paisajes del sudeste ibérico.
Foto 1. Tejo del Calar del Mundo, al fondo la sierra del Cujón.
Este tejo hembra vive desde hace unos 1.500 años en la soledad del Calar, casi sin perturbaciones básicamente las derivadas del pastoreo ancestral de la zona y de algunos senderistas que, como nosotros, se acercan a contemplar este tejo "de libro", con su característica copa ovadocónica que vigila desde su atalaya la Sierra del Segura.
Foto 2. Tomando medidas del tronco
Los 1.500 años que suponemos alcanza este tejo los hemos calculado midiendo el perímetro de su tronco a 1,30 m del suelo, como podemos observar en la foto 2, y usando los estudios de Cortes et al, 2000, que arrojan medias de 375 años por cada metro de perímetro de tronco, siempre con todas las reservas ya que, como hemos comentado en otras ocasiones, no existen estudios de edad en los tejos del sureste peninsular.
Sea esa su edad real o no, lo cierto es que este árbol singular donde los haya ha vivido mucho, su tronco nos revela ese ir y venir de ramas que enraízan y vuelven a nacer que le da el status de inmortal gracias a su capacidad de regeneración, como vemos en la Foto 3 en la que contemplamos la albura, con el tono rojizo característico de su madera que siempre nos fascina cuando nos acercamos a un tejo, así como también el agujero en el lado suroeste por el que ha salido algún rayo, y permite ver el duramen.
Foto 3. Tronco del Tejo del Calar del Mundo, obsérvese la oquedad provocada por un rayo.
Ha perdido la guía varias veces, debido a los rayos que le han impactado en las numerosas tormentas que tan bien conocen los serranos de este territorio. Por la mismas razones, también perdió las raíces que alcanzaban el árbol por el lado suroeste, donde hoy podemos observar la oquedad (Foto 3), circunstancia que ha provocado que la copa tenga menos volumen en dicha dirección (Foto 5). Por contra, hacia la dirección noreste del tronco se pueden observar todas las raíces de anclaje y entrada al tronco (Foto 4).
Foto 4. Raíces de anclaje, actuando a compresión, principalmente.
Rodeado de las especies típicas de esta zona Rosa pimpinellifolia y Erinacea anthyllis entre otras, el paisaje es espectacular tanto hacia el este como hacia el oeste, en concreto, si miramos en esta dirección podemos observar la Cuerda de los Pinos Molineros, con unos bellos ejemplares de pinos blancos "Pinus nigra".
Foto 5. Cuerda de los Pinos Molineros, en el este del Calar del Mundo.
Nos alejamos ya y os recordamos, como otras veces, que los árboles que no están acostumbrados al trasiego humano son más sensibles si cabe y si nos acercamos a ellos, procuremos no pisar en la zona donde están sus raíces, y desde luego, no dañarlos en cualquier otra forma, así seguirán vivos durante muchos años más y las generaciones venideras podrán disfrutarlos como lo hacemos nosotros.
Foto 6. Tejo del Calar del Mundo
PD: Como dato curioso, os comentamos que este tejo es muy conocido, aparece al menos en dos publicaciones de árboles singulares de Albacete (Velasco 1990; Benllonch & Martín 2015).
Dando un paseo por nuestra querida Sierra del Segura, y casi por casualidad encontramos hace unos días este tejo "Taxus baccata",en el municipio de Bogarra.
Foto 1. Tejo de El Manojal.
En el mes de agosto, y en este luminoso día, hasta los árboles necesitan cobijarse del sol, y resulta que este tejo es chulo chulo ;-)
Foto 2. Detalle del tronco del árbol que nos invita a reflexionar sobre el paso del tiempo en el viejo tejo.
En un tono más serio ya, observamos en la Foto 2 su sinuoso tronco en el que convive madera ya muerta, que le sirve de sostén, con otras partes vivas que el árbol utiliza, pues es necesario cuando sufre un retroceso de su copa (por rayos e incendios principalmente) que aparezcan nuevos tejidos y ramas desde la parte que ha sobrevivido y se conviertan en nuevas raíces que lo rejuvenecen y lo hacen cuasi inmortal.
Foto 3. Madera muerta y viva en perfecta convivencia.
Con un perímetro de tronco de 4,80 m, y haciendo caso a la bibliografía (Cortés et al., 2000) estaríamos ante un árbol que podría tener una edad cercana a los 1.800 años, en cualquier caso, estas dataciones han de tomarse siempre con cierta precaución, pues siempre hay que considerar factores concretos de ecología y ubicación donde se encuentra el tejo.
Foto 4. Anotando perímetro y altura, entre otros datos.
En la Foto 5 más detalles de ese mágico tronco, así como de los rebrotes, como ya sabemos, debido a su toxicidad tiene pocos enemigos el tejo, pero las cabras son inmunes y todos los que encontramos en la sierra están bastante ramoneados en sus zonas basales, produciendo todo un tapiz de pequeñas hojas literalmente pegadas al tronco en la mayor parte de las zonas donde éste cuenta con corteza viva.
Foto 5. Rebrotes de hojas en base del tronco intensamente ramoneados por cabras.
En nuestro camino hacia el árbol nos encontramos otra planta mágica, sobre todo en el País Vasco y Navarra, donde es colocada en las puertas de las casas a modo de talismán benefactor que protege contra rayos y brujas, este uso no parece haber sido recogido en la comarca segureña, donde sí que se recoge su empleo para aromatizar la mistela. También el ilustrado Simón de Rojas Clemente que estuvo en Huéscar en 1805, recoge en su obra "Viaje a Andalucía: Historia natural de reino de Granada (1804-
1809)" un uso que en la comarca de La Sagra realizan sus habitantes, así menciona literalmente: “El cura de las Santas se llama Don Canuto Mario Fernández, que debe
enviarme la anacarnina, planta que sólo se cría en Cañada Longuilla, tras
Mirabete, Jurisdicción de Huéscar, cuya raíz usan comida cruda y molida,
tomando con agua sus polvos para curar calenturas”
Foto 6. Cardencha o cardo dorado, Carlina acanthifolia subsp. cynara.
Dejamos a nuestro tejo dominando la ladera, y acompañado a lo lejos por otro de su misma especie, a unos 20 metros del término de Riópar, justo bajo el roquedo conformado por calizas y dolomías, en un paraje en el que llevan siglos viviendo y en el que esperamos que esa capacidad suya para la regeneración les permita seguir creciendo unos cuantos siglos más.
Foto 7. Panorámica con el tejo en el centro de la imagen y su compañero a su derecha en la misma base del roquedo.
Respecto a usos locales en la Sierra del Segura, uno de los más curiosos lo recogen Jorge Escudero y Antonio Manzanares en su obra "La Naturaleza en Riópar" (2012), consistía en usar una astilla de tejo verde para introducirla en un taladro realizado en un árbol y que éste se secara, de este modo los vecinos se vengaban unos de otros cuando eran malavenidos.
Foto 8. Tejo ubicado a 60 metros al sur del protagonista de la presente entrada.
Hoy tal vez estemos ante uno de los árboles de más edad del sudeste ibérico, un auténtico ave fénix vegetal, capaz de renacer una y otra vez de sus propias cenizas, siempre y cuando se le respete un poco su perímetro existencial, como cualquier ser vivo. Se trata de un excelente tejo (Taxus baccata) macho, según los datos de que disponemos es el de mayor dimensiones de toda la Sierra del Segura y uno de los mayores de Iberia. Al tratarse de un árbol que no ha recibido visitas os pedimos, más que nunca, que tengáis cuidado en vuestra aproximación hasta este auténtico monumento viviente, en particular no pisar sobre su tronco ni sobre las raíces superficiales que convergen hacia él, es más que suficiente para verlo si pisamos sobre la roca y grandes piedras de su alrededor.
Foto 1. Tejo de los Viboreros, Vianos, Albacete.
Caminamos por una zona agreste en el Calar del Mundo, a unos 1.600 metros de altitud, donde la precipitaciones suelen ser elevadas, por encima incluso de los 1.000 mm anuales, gran parte en forma de nieve, pues la zona es, además, muy fría, por lo que el periodo vegetativo es corto.
Foto 2. Vistas del valle del río Mundo, desde encima de su nacimiento.
El tejo se ubica a menos de un kilómetro de los términos municipales de Riópar y Yeste, en un enclavado territorial que es municipio de Vianos (Albacete), dentro de una torca (dolina) que recoge el agua de toda la cuenca receptora circundante y desde cuya parte elevada se observan unas excelentes vistas de las Sierras del Segura. Ubicado junto a un majuelo común (Crataegus monogyna) y otro segureño (C. laciniata), además de otras especies capaces de vivir a elevada altitud y soportar el sobrepastoreo presente en el lugar, como salabionda (Daphne laureola) o rosa albardera (Paeonia officinalis).
Foto 3. Tejo de los Viboreros y vistas del impresionante karts del Calar del Mundo.
Este tejo, como todos los del entorno, se encuentra muy ramoneado desde su base hasta donde alcanza el ganado (Foto 4), porque aunque resulta tóxico para ovejas, vacas o caballos, no lo es para otras especies como el corzo, ciervo o cabra, las cuales tienen todo el entorno fuertemente pastoreado, no permitiendo un adecuado regenerado de estos milenarios árboles, ni de gran parte de la flora de montaña del calar.
Foto 4.Tallos re-comidos por el ganado sobre las ramas bajas del tejo.
Tiene 4 brazos principales, tronco hueco, con abundantes ramas delgadas. El que crece más al Noroeste se desgajó la mitad, pero sigue manteniéndose por la madera de tensión que le une a los otros 2 brazos inmediatos, y tiene un contrafuerte vivo que actúa a compresión dentro de la oquedad desgajada (Foto 5).
Foto 5. Rama parcialmente desgajada, probablemente por la bajada de un rayo.
Por último os volvemos a insistir en la importancia de no pisotear sobre las raíces superficiales o contrafuertes de madera del árbol, pues podemos deteriorarlos, afectar a la alimentación del mismo y, lo que es más peligroso, a su estabilidad mecánica. Os ilustramos en Foto 6, mediante flechas rojas dichos lugares y, mediante flechas verdes los lugares que por ser roca o piedra pueden ser utilizados para contemplar al impresionante tejo segureño. A riesgo de ser pesados, volvemos a insistir en que este tipo de árbol no ha recibido de modo crónico visitas masivas y 14 personas pesan en torno a una tonelada, lo cual puede compactar el suelo y afectar a un árbol de un aislado entorno forestal como éste.
Foto 6. Indicamos mediante flechas rojas zonas que no se deben pisar
y con verdes las áreas desde donde podemos apostarnos para contemplar el tejo.
El Tejo de los Viboreros, cuyo nombre hace honor a la abundancia de víboras de lugar (de hecho vimos una), como ya dijimos en la entrada general de la especie, y según los estudios de edad en tejo, que arrojan medias de 375 años por cada metro de perímetro de tronco (Cortés et al., 2000), tendría una edad próxima a los 2.212 años, si nos ceñimos sólo a este dato. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la medida está realizada sobre el cuello de la base del tronco, y el árbol ha perdido en varias ocasiones parte de su copa, circunstancia que induce al tronco a engordar más deprisa, aunque no es menos cierto que un tejo puede regenerar su tronco después de haberlo perdido casi por completo y ésto haría que incluso pudiese ser más longevo. Por tanto, el dato de la edad hay que tomarlo con cierta precaución, ya que no existen estudios de edades de tejos en los territorios segureños, siendo posible que en ellos los crecimientos sean mayores que en otras zonas o, a veces, que circunstancias singulares de crecimiento de alguno en concreto haga que podamos sobrestimar su edad.
Foto 7. Víbora alojada en el tronco de un tejo cercano.
Visitamos esta semana de nuevo la provincia de Albacete, donde vive uno de los árboles de mayor edad que vamos a encontrar en nuestro recorrido por el sudeste ibérico, el Tejo Viejo de Paterna del Madera (Taxus baccata).
Foto 1. Tejo Viejo, lado noreste, obsérvese la gran cantidad de ramas hacia el lado oeste.
Es este árbol muy conocido y querido en la zona, ya que aparece en muchas rutas senderistas, incluso tiene una con su nombre, PR AB-32 "Sendero del Tejo Viejo", así que es muy visitado, quizá de más, pues debido a la fuerte pendiente (Fotos 3 y 4) y el relativo frecuente pisoteo bajo su copa, se está produciendo descalce del suelo que podría provocar daños en el sistema radicular y, por ende, en el árbol. En la foto 2 vemos los alrededores, el paraje de Torca Roya, en los que aparecen varios ejemplares de Pinus nigra y un extenso matorral almohadillado propio de zonas frías.
Foto 2. Solana delentorno del tejo viejo, obsérvese el matorral almohadillado y los pinos blancos, propios de la alta montaña bética.
El pueblo de Paterna del Madera se sitúa en la zona más septentrional de la Sierra del Segura, limitando con la de Alcaraz, rodeado de altos montes con abundantes lluvias y surcado por muchos cauces de agua, que hacen que el paisaje de este municipio sea espectacular. Esta ubicación tan favorable hace que en la zona haya constancia del paso de los pueblos íberos, gracias a los restos arqueológicos que se han encontrado en sus inmediaciones. Visigodos y musulmanes dejan asimismo rastro de su paso por la serranía, hasta que, con la reconquista por parte de Alfonso VIII, en el año 1231, Paterna pasa a formar parte del alfoz de Alcaraz, municipio del que ha sido aldea hasta el siglo XIX.
Foto 3. Vista suroeste del tejo, obsérvese la fuerte pendiente.
El Tejo Viejo que, como ya dijimos en la entrada general de la especie, y según los estudios de edad en tejo, que arrojan medias de 375 años por cada metro de perímetro de tronco (Cortés et al., 2000), tendría una edad próxima a los 1.875 años, podría haber sido testigo de un suceso que relata Juan Blázquez Miguel en su libro "La Inquisición en Albacete", y es el hecho de que uno de los vecinos de Paterna, en el año 1611, fue reprendido y desterrado por el Santo Oficio durante dos meses por afirmar su ateísmo en una copla. Curiosidades aparte, el dato de la edad hay que tomarlo con cierta precaución, ya que no existen estudios de edades de tejos en los territorios segureños, siendo posible que en ellos los crecimientos sean mayores que en otras zonas o, a veces, que circunstancias singulares de crecimiento de alguno en concreto haga que podamos sobrestimar su edad. El ejemplar que contemplamos hoy presenta una vitalidad normal, y detenta una adecuada situación biomecánica con cierta lateralidad de
algunas ramas basales en el sentido Oeste buscando la luz, que está siendo
corregida por el propio árbol en el sentido contrario, lo cual significa que no se
pone en riesgo geométrico su estabilidad. Sin embargo, el pisoteo bajo las
ramas del lado Este podría romper raíces que están actuando a tensión con lo
cual el equilibrio del árbol estaría en peligro.
Foto 4. Vista noreste del tejo, obsérvese el equilibrio geométrico entre el
ramaje para compensar la pronunciada pendiente.
El árbol perdió su eje central (tronco), posiblemente por el efecto de un rayo. Dicha pérdida, ha provocado que el tejo tuviese que rebrotar desde las partes que le quedaron vivas, estos rebrotes ahora son ramas (Foto 5), una capacidadbiológica muy propia de la especie cuando está en su óptimo ecológico.
Foto 5. Primer plano, donde se observan en el centro los restos
de un gran tocón de madera que fue el tronco antiguo.
Puede observarse (Foto 6) la tendencia a generar nuevos rebrotes epicórmicos sobre el mismo tronco, cualidad que no es propia de muchas gimnospermas (por ejemplo los pinos ibéricos no la tienen). Además, se contempla la generación de nuevos cordones paralelos de madera destinados a alimentar y sustentar de modo adecuado la copa por su lado Este.
Foto 6. Obsérvese los cordones de nuevo crecimiento marcados en paralelo,
así como los brotes de tallos epicórmicos sobre el tronco
Por lo demás, el árbol precisaría regular el número de visitas y, sobre todo, concienciar a las personas de que no se debe pisotear bajo su copa, por el problema de descalce del suelo comentado. Además, sería preciso realizar un adecuado clareo de la vegetación, tanto para evitar competencia con nuevos pinatos, como para prevenir un incendio del tejo desde la densa vegetación circundante.
El tejo (Taxus baccata) parece haber perdido gran parte de su área de distribución en Iberia el último milenio, debido, sobre todo, a causas de origen antrópico, aunque también como consecuencia de la paulatina aridificación del clima desde el Holoceno medio (Magri 1995, de Beaulieu et al. 2005).
Foto 1. Tejo en Nerpio.
No es muy agradable empezar la entrada sobre el tejo hablando de su regresión en toda España, incluso de su extinción en la Región de Murcia, a pesar de que hay testimonios de que vivió hasta entrado el siglo XX en las sierras del Noroeste de Murcia, concretamente en la Sierra del Tejo, topónimo éste que, por otro lado nos lleva a pensar que efectivamente hubo ejemplares en ese lugar hasta hace no mucho. Hoy en día, sin embargo, se sitúa en Nerpio (Albacete) el individuo de esta especie más cercano a la misma y a partir de ahí aparece muy puntualmente y disperso en lugares umbríos por todas las sierras de Segura y Cazorla. Es también destacable el hecho que en Los Vélez, sierra de María, donde hoy día el tejo no aparece, el ilustrado Simón de Rojas Clemente, cita la especie en la primera década del siglo XIX.
Pero aunque no nos guste, debemos admitir que en parte por nuestra responsabilidad estos árboles, los más longevos de nuestros bosques y que antaño formaron cuasi selvas en Europa, están en estos momentos reducidos a algunos enclaves apartados aguardando, quizá, el paso de los años, que a ellos no les pesan como a nosotros, y quién sabe, tiempos mejores en los que podamos convivir en armonía. En nuestras manos está el trasmitirle a la futura generación el amor por la naturaleza y la importancia de protegerla.
Foto 2. Tejo en Los Chorros del Río Mundo, junto al colaborador más joven de este blog.
Y como ya hemos dicho aquí alguna vez, para amar algo, hay que conocerlo, así que pasamos ahora a describir esta especie cuyo nombre genérico, Taxus, parece provenir del griego taxikos (veneno), aunque también podría derivar del griego toxicon (arco), en alusión a que de la madera de tejo se obtienen excelentes arcos, y el epíteto específico baccata por ser su fruto una baya.
Es el tejo un árbol perennifolio, dioico, que puede alcanzar los 15 m de altura, de copa redondeada u ovadocónica y aspecto general muy oscuro.
Foto 3. Tejo en Cuerda de los Pinos Molineros, Riópar.
Los estudios de edad en tejo arrojan medias de edad de 375 años por cada metro de perímetro de tronco (Cortés et al., 2000), lo cual daría edades próximas a los 1.875 años para algunos tejos de la sierra del Segura como el de Torca Roya, e incluso hay tejos en dicho entorno que alcanzarían edades de 3.000 años, pero este dato siempre hay que tomarlo con cierta precaución, pues no existen estudios de edades de tejos en los territorios segureños, siendo posible que en ellos los crecimientos sean mayores que en otras zonas de Eurasia.
El tronco puede alcanzar hasta 2 m de diámetro, e incluso más pero se suele quedar hueco, con la corteza pardo-grisácea más o menos oscura, estriada, que se desprende en tiras o placas estrechas.
Foto 4. Tronco de tejo en las sierras de Albacete, obsérvese la oquedad.
La ramificación es irregular, con ramas extendidas, horizontales, más o menos erguidas y a veces caedizas. Las ramillas tienen corteza pardo-rojiza, y las hojas crecen sobre ellas torciendo sus cortos pedicelos, de modo que se disponen en dos densas hileras enfrentadas; son lineares, aplanadas, de color verde oscuro por el haz y un poco más claras por el envés.
Foto 5. Detalle de ramillas, hojas y conos femeninos ("frutos"), con aspecto de pequeña bellota.
Al ser un árbol dioico, nos encontramos en distintos pies los conos masculinos de los femeninos ("frutos"). Son los primeros globosos, amarillentos, que nacen solitarios en la axila de las hojas; en la base están rodeados por una envoltura formada por una serie de brácteas de color anaranjado. En cambio los conos femeninos son de forma ovoide, negruzcos, rodeados en la parte inferior por una bráctea verdosa con forma de copa, lo que les da el aspecto de pequeñas bellotas. Esta bráctea al crecer se vuelve carnosa y roja, denominándose entonces arilo, envolviendo a la semilla excepto por la parte superior. Florecen de febrero a abril y dan su fruto entre septiembre y noviembre.
Foto 6. Tejo fructificado, con gran cantidad de arilos.
Habita zonas montañosas, sobre riberas, barrancos y laderas umbrosas, en terrenos carbonatados y silicatados. Antiguamente debió estar extendido por ambientes más variados pero en este momento es una especie en franca regresión. Aunque a veces forma tejedas de considerable extensión, lo habitual es que aparezca aislado, en solitario o disperso entre los bosques.
Foto 7. Tejo el Abuelo, Torcaraya, Paterna del Madera (Albacete).
El tejo se distribuye por Europa, mitad septentrional de Asia y N de África, como vemos en la Figura 1.
Figura 1. Distribución mundial del género Taxus, nótese que el mayor área de distribución corresponde a T. baccata. (Adaptado de Cortés et al. 2000).
Para las sierras de Segura, es posible comprobar presencia de tejo desde el Pleistoceno (Carrión et al., 2002), e incluso en zonas de dicho territorio donde ya no se encuentra la especie en la actualidad, los estudios paleopolínicos muestran presencia de la misma. Así, aparece tejo en el NO de Murcia durante casi todo el Holoceno (Carrión et al. 2004) y en una cantidad tan representativa que dejó constancia en el registro fósil polínico (Figura 2), lo que indica que debió haber una relativa abundancia de árboles. Actualmente se considera esta especie extinta en Murcia, si bien en la sierra del Tejo (Moratalla), hace poco más de una década, miembros de ARBA (Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono), plantaron varios ejemplares, de lo cuales sobreviven algunos. Por lo demás, el tejo, aunque sea de modo muy aislado y puntual, sí está presente en algunas montañas de Albacete, Almería, Alicante, Granada y Jaén.
Figura 2. Diagrama polínico de El Sabinar (Moratalla), obsérvese la presencia de tejo en cantidades
significativas de polen, hoy extinto en la zona, (Carrión et al. 2004).
En cuanto a los usos del tejo, su madera ha tenido un alto valor económico (Ametz 1991) y ha sido empleada por su elasticidad y fuerza para la fabricación de armas desde la Prehistoria. En Alemania e Inglaterra han aparecido lanzas con antigüedad 90.000 y 150.000 años, respectivamente (Oria de Rueda & Díez 2003), y era y es empleado para la fabricación de arcos, ya en el inicio de la metalurgia (Spindler 1995) encontramos el arco simple de Ötzi, el hombre del hielo, que vivió hacia el 3300 a.C., hecho con madera de tejo.
También tiene un gran valor en ebanistería y tornería, además de usos ancestrales como su quema selectiva por los ganaderos para evitar posibles envenenamientos del ganado, empleo de su leña por su alto poder combustible, o utilización preferente de su madera para usos en ubicaciones exteriores, dada su gran resistencia y duración (Cortés et al. 2000).
Foto 8. Arqueros practicando.
Su toxicidad es bien conocida. Únicamente su fruto, el arilo, una especie de baya roja (foto 6), es comestible. No así la semilla que encierra en su interior, tóxica al igual que el resto del árbol. No obstante, en el siglo XIX se descubrió que el tejo contiene sustancias que pueden actuar para combatir algunos tipos de cáncer, así los militares británicos en la India observaron el uso que hacían las gentes de aquella tierra para tratar melanomas utilizando taxáceas (Cortés et al, op. cit.).
Ha sido asimismo un árbol muy venerado en las culturas celtas, germánicas y tamazight, todas de gran influencia en la península ibérica. Algunos de los tejos más antiguos de nuestro continente viven junto a ermitas y cementerios, y fueron muchas veces el centro de de rituales, fiestas y juicios.
Para terminar, os invitamos a ver un documental que nos ilustra sobre este longevo árbol: