domingo, 9 de agosto de 2015

Olivera, olivo "Olea europaea L."

Con nombre genérico que proviene del latín oleaceus, aceite, y epíteto específico, europaea, haciendo referencia a su distribución, si bien ésta es circunmediterránea, hoy vamos a conocer un poco más del olivo, Olea europaea, árbol al que denominamos también en nuestra tierra olivera, plantón o acebuche (para aquéllos muy viejos de aceituna pequeña).

Tradicionalmente se han considerado dos variedades o subespecies, la típica, que englobaría a todas las variedades cultivadas, y la sylvestris Brot. (acebuche) que correspondería a las estirpes silvestres. Sin embargo, la taxonomía de este genero es muy complicada, ya que es casi imposible distinguir los acebuches naturales de los olivos naturalizados nacidos de aceituna, también llamados acebuches, aunque tamaños de aceituna menores de 1 cm de diámetro indican con alta probabilidad que estamos ante la variedad silvestre

Foto 1. Olea europaea.

El olivo es considerado un árbol sagrado desde la Antigüedad. Cuenta la mitología que en un momento en que Atenea y Poseidón se disputaban una colonia, los dioses del Olimpo, a fin de dilucidar la cuestión, propusieron a ambos que regalaran un presente a los ciudadanos. Poseidón, a fuerza de tridente hizo surgir del suelo un caballo, con el que haría invencibles los ejércitos, Atenea, sin embargo, hizo brotar un olivo, lo que la llevó a la victoria, fundándose así la ciudad de Atenas.

Figura 1. Mito de la fundación de Atenas

Y es que los atenienses ya sabían seguramente de los múltiples beneficios de este árbol, desde antiguo se ha utilizado su fruto como alimento, y sobre todo, como materia para fabricar aceite, que no es únicamente alimento, sino también un ungüento que perfuma el cuerpo, fortifica los miembros y suaviza las llagas, siendo finalmente el aceite de las lámparas fuente de luz, tanto para los templos en todas las culturas mediterráneas como para los hogares. Las principales religiones del entorno mediterráneo han visto en este árbol un don de Dios, no en vano es el primero que aparece después del diluvio, cuando Noé envía una paloma que, para demostrar que ya se habían retirado las aguas, vuelve con una rama de olivo en su pico.

Foto 2. Oliveras en Molina de Segura.

El olivo se extiende por el contorno de la región mediterránea, diversos taxones muy próximos han sido descritos en diferentes zonas del Viejo Mundo con clima y vegetación de tipo mediterráneo, tales como Marruecos, Sahara central, Sudáfrica e Islas macaronésicas.
En Iberia aparece distribuido por el sur y levante, donde puede formar grandes bosques, en general más raros hacia el interior. 


Figura 2. Distribución potencial del olivo en 
la Cuenca del Mediterráneo (Oteros, 2014)

En el sudeste ibérico, por tanto, es una especie muy común y bien distribuida por todo el territorio, sólo falta en las tierras más altas y frías, por encima de los 1.000-1.100 m de altitud. Las poblaciones con más probabilidad de ser autóctonas prosperan en zonas rocosas, poco aptas para la agricultura. Producen racimos con muchas flores y dan lugar a ramas repletas de frutos muy pequeños llamados acebuchinas, con muy poca carne y hueso estriado que ocupa la mayor parte del fruto; aunque realmente en la actualidad muchos aparentes acebuches son olivos asilvestrados procedentes de antiguos cultivos o semillas que han sido dispersadas por las aves.  Siendo muy resistente a la sequía, puede crecer a partir del ombrotipo semiárido, mostrándose también indiferente a la naturaleza del sustrato.


Foto 3. Olivera. Porte.
Pequeño árbol perennifolio, hermafrodita, que puede alcanzar los 12 m de altura, aunque en montañas abruptas y zonas muy secas es habitual que presente un porte arbustivo, sobre todo si existe mucha presión ganadera en la zona. El porte del árbol adulto es muy regular, con copa oval o redondeada. Tronco un poco tortuoso, grueso, corto, pues se ramifica muy pronto. Corteza muy agrietada, especialmente en la base del tronco, pardo-grisácea.

Foto 4. Tronco con numerosos rebrotes.

Ramas erectas, largas y flexibles si crecen tranquilamente en buenas condiciones de clima y suelo, cortas, semirrígidas y con espinas cuando están muy ramoneadas por el ganado o crecen en roquedos u otros hábitats poco benignos, con corteza lisa de color gris claro. Las ramillas más jóvenes son verdoso-cenicientas.


Foto 5. Ramas y hojas de olivo.

Las hojas pecioladas, crecen opuestas, más o menos lanceoladas -en malas condiciones de crecimiento pueden ser muy pequeñas, elípticas u obovales-, con el margen entero, estrechadas en cuña hacia la base, agudas, a veces rematadas en una punta aguda, coriáceas,  con el margen vuelto hacia el envés, de color verde mate-grisáceo por el haz y ceniciento-plateadas por el envés, que está recubierto de pelos escamosos.

Florece de abril a junio, cuyas inflorescencias en racimos de cimas axilares, tienen flores blancas, pequeñas, casi sin pedúnculo, con cáliz en forma de cúpula verdosa y corola de una sola pieza, con tubo corto y 4 lóbulos blancos a modo de pétalos abiertos en estrella. Tienen sólo 2 estambres que nacen soldados al tubo de la corola, cuyas anteras amarillas son  muy vistosas.


Foto 6. Flores con sus vistosos estambres.
Fuente: www.photomazza.com

Fructifica de octubre a diciembre, y el fruto es una drupa, que es el nombre latino de la oliva y se ha tomado prestado en botánica para definir cualquier fruto carnoso e indehiscente, con capa más interna endurecida, de consistencia pétrea que alberga en su interior una semilla, que en este caso es de forma elipsoidea y color verde en las primeras etapas pasando a negro cuando madura, con hueso muy duro y una sola semilla en su interior. En la variedad silvestre este fruto tiene un tamaño de 0,5 a 1 cm., siendo mayor en las cultivadas, lo cual constituye la diferencia sustancial entre el acebuche y las variedades de olivo manejadas, como hemos indicado anteriormente.



Foto 7. Fruto. Olea europaea var. sylvestris.






Foto 8. Fruto.
Olea europaea var. europaea.


Y es que la domesticación de los árboles frutales es generalmente considerada como mucho más tardía que la domesticación de herbáceas (cereales y legumbres), aunque los ejemplos de frutales utilizados por el ser humano de modo primigenio incluyen el olivo, la palmera datilera y la higuera, que eran importantes recursos en el Mediterráneo oriental en torno al 6000 AP. También se sabe que se recolectaron aceitunas ya directamente del medio natural sobre el 19000 AP en Palestina, junto con almendra, pistacho y uva, por tanto, transcurrió un tiempo desde que comenzaron a ser utilizadas las especies citadas hasta que fueron domesticadas y puestas en cultivo. Todo lo anterior indica que la recolección de frutos del árbol no era una actividad humana exclusiva del Holoceno.

Desde tiempos inmemoriales se ha utilizado el acebuche como portainjerto para el olivo. El olivo cultivado (O. europaea var. europaea) comprende una serie de cultivariedades procedentes del acebuche autóctono mediterráneo, y aunque algunos autores han visto su origen en otras especies o subespecies africanas no típicamente mediterráneas de acebuches se ha demostrado, por afinidades genéticas, que procede de los mediterráneos, siendo, por otra parte, lógico, ya que existen evidencias arqueológicas de aceituna de mesa y aceite de oliva en el Mediterráneo desde hace al menos 4.000 años.

Foto 9. Viejo olivo en Cañada de la Olivera.

Este árbol, por tanto, ha sido una de las principales fuentes de salud y riqueza en los países mediterráneos, constituyendo hoy la cultura del olivo uno de nuestros más valiosos patrimonios. Sin embargo, últimamente los ejemplares más viejos son objeto de una fuerte demanda de jardinería, por lo que son arrancados del lugar donde han vivido, acaso por siglos, para ser plantados en rotondas y jardines en los que, en muchos casos, acaban su vida antes de lo que deberían. Consideramos desde aquí que sería bueno que se regulara su trasplante al igual que, por ejemplo, se realiza con la palmera datilera en numerosos lugares del sudeste ibérico.

domingo, 2 de agosto de 2015

Chopo, álamo negro ("Populus nigra L.")

El nombre genérico Populus es el dado por los latinos al chopo. El epíteto específico nigra se refiere al carácter mas oscuro, tanto del follaje como de la corteza, de este chopo, con respecto a Populus alba.

Foto 1. Populus nigra var. italica.

Es un árbol caducifolio de 20 a 30 m de altura, dioico, de porte más o menos regular, copa ovada (cilíndrica en algunas formas cultivadas), con ramas extendidas. Se distribuye por el sur, centro y este de Europa, centro-oeste de Asia y norte de África, alcanzando latitudes más septentrionales que Populus alba. Sin embargo, resulta dudoso el origen natural de muchos pies, ya que ha sido un árbol profusamente cultivado desde la Antigüedad, e incluso algunos autores sospechan que en el norte de África pueda no ser una especie autóctona.

Figura 1. Distribución de Populus nigra

La contaminación genética es una de sus principales amenazas, ya que se hibrida fácilmente con otras especies, variedades e híbridos exóticos cultivados frecuentemente. De hecho, es una especie polimorfa con un buen número de subespecies, variedades, formas y cultivariedades. Entre ellas destaca P. nigra var. italica Münchh., el chopo lombardo. 

Foto 2. Chopos lombardos, en la Sierra del Segura, Nerpio.
Este último también recibe el nombre de P. pyramidalis Rozier; P.nigra subsp. pyramidalis Čelak; P. fastigiata Foug. Es de copa estrecha, columnar,  procedente del mediterráneo oriental y de clones de cultivo; que puede aparecer directamente plantado o subespontáneo a partir de pies cultivados. P. nigra var. elegans Bailey es otro chopo parecido, también de copa estrecha, que se diferencia bien por sus hojas jóvenes pubescentes. Originario de Asia al parecer, tenemos también el P. nigra var. betulifolia (Pursh) Wettst., de similares características. 

Foto 3. Populus x canadiensis. Sierra del Segura, Pontones.
Por si fuera poco, a todo este complejo sistema taxonómico hay que sumar los híbridos creados artificialmente con otras especies extraeuroasiáticas, como con la norteamericana P. deltoides Marshall (P. carolinensis auct.; P. monilifera Aiton), con el que forma el híbrido Populus x canadensis Moench.  Es por tanto, actualmente difícil determinar la autenticidad de la genuina especie autóctona regional. Las poblaciones autóctonas de nuestro chopo silvestre (var. nigra), de porte muy ramificado y hojas rómbicas, parecen, de momento, sobrevivir sólo en localidades altas de las sierras del interior del sudeste ibérico.

Foto 4. Populus nigra var. nigra.
Con el tronco derecho, de hasta 1,5 m de diámetro, su corteza es entre gris y negruzca, muy agrietada longitudinalmente desde joven. A veces presenta la superficie con numerosos abultamientos y una gran cantidad de rebrotes que le nacen casi desde la base. Estas cuatro características del tronco le diferencian bien de las demás especies del género.

Foto 5. Troncos de chopos plantados a lo largo de la carretera.

Ramillas glabrescentes, primero amarillentas y luego más adelante, cambian de verdoso-grisáceas a castaño claro. Sus yemas tienen de 4 a 6 escamas, por lo general son bastante viscosas, glabrescentes.  Según cuenta Font Quer en su libro "El Dioscórides renovado", estas substancias resinosas y la esencia que embadurnan las yemas del chopo, junto con manteca de cerdo y otros elementos se emplean desde tiempos remotos para calmar los dolores de las hemorroides.

Foto 6. Hojas de Populus nigra.

Sus hojas son alternas, todas parecidas, ovado-romboidales o triangulares, con margen crenado-dentado, son resinosas y algo pubescentes al nacer, aunque luego pierden la viscosidad, con un color verde más oscuro por el haz que por el envés, largamente pecioladas.

El chopo florece de febrero a marzo, y sus flores cuelgan en amentos cilíndricos, siendo los masculinos sésiles, un poco pelosos y los femeninos cortamente pedunculados. Las flores, con disco nectarífero persistente, teniendo las masculinas estambres con filamentos blancos y anteras púrpuras y las femeninas un ovario ovado-cónico y dos estigmas amarillentos. 


Foto 7. Inflorescencia femenina en Chopo de la Tercia, Calasparra.

Entre abril y mayo aparece el fruto, una pequeña cápsula elipsoidea de unos 8 mm, cuyas dos valvas liberan numerosas semillas diminutas que están provistas de largos pelos blanquecinos, que al caer al suelo forman masas algodonosas.

En el sudeste ibérico, aparecen en zonas con alta humedad edáfica, generalmente en márgenes de ríos, arroyos o lagos, sobre terrenos muy diversos, aunque nunca salinos, formando parte de bosques de ribera. Con un espectro climático muy amplio, resiste bien el frío, y tiene un rango altitudinal que va desde el nivel del mar hasta casi los 1.800 m.


Foto 8. Pinos, álamos y chopos en Cañaverosa, río Segura.

Su madera es de mala calidad, aunque se han usado sus ramas, junto con las de álamos "Populus alba" y cañas "Arundo donax" para techar los habitáculos de los animales en Almería, así como para la construcción de chozos, cobertizos y sombrajos para el cobijo del agricultor y para guardar aperos. Las ramas de rebrotes de los chopos lombardos sometidos a terciado (desmochado) eran utilizadas como vigas en ciertas zonas de Aragón ("chopos cabeceros") y también en el norte de Lorca y Los Vélez. También se le ha empleado como leña. En la mitad norte de España se ha usado para elaborar flautas, que se hacían en dos piezas; el cuerpo hecho con una rama del brote del año entre dos nudos o yemas, y por otro lado la boquilla, que se encaja en el cilindro anterior. 

En la antigüedad, esta especie se asoció a la muerte, y es que, según la mitología griega, los Populus emergieron de las Heliades, hermanas de Faetón, el hijo de Helios, que incapaz de controlar los caballos blancos que conducían el sol, convirtió en desierto la mayor parte de África, por lo que Zeus no tuvo más remedio que detenerlo con un rayo, provocando que muriera ahogado. Rotas por el dolor sus hermanas fueron transformadas en chopos. 

Figura 2. Heliades in arbores
Fuente: Amber Regina blog
Y terminamos con un poema de Dámaso Alonso cantando al chopo:

Huso de la hiladora,
a la mañana blanca y nueva.
chopo desnudo y fino:
entre la niebla,
hilas ropas de boda
para la Primavera.
Un arroyito claro
te lame el pie: se lleva
el hilillo que hilas
de tus copos de niebla;
el hilillo que hilas
y que se va cantando
entre la hierba
fresca.

domingo, 26 de julio de 2015

Majuelo de Haza de San Luis, Riópar

No es demasiado habitual encontrar un arbusto de 10 metros de altura; pues bien, esto es lo que ocurre con un majuelo o espino albar (Crataegus monogyna) que hemos localizado en Albacete, en las inmediaciones de Riópar.

Foto 1. Vista sur del  Majuelo de  Haza de San Luis.

Situado en la Haza de San Luis, siendo una haza según el diccionario de la Real Academia de la Lengua una porción de tierra de labrantía o sembradura, destaca su monumental porte que cobija a su sombra, como vemos, un coche, y aún quedarían bajo sus 101 m2 de sombría área de copa espacio para aparcar al menos 9 más, aunque desde luego no sea lo más recomendable para el árbol, ya sabemos que no es bueno poner peso justo debajo de sus ramas, o lo que es lo mismo, encima de sus raíces, ya que se compacta el suelo y podemos dañarlas. Sobre todo, si el árbol no se ha desarrollado a la vez que se practicaba dicho uso.


Foto 2. Vista norte del  Majuelo de  Haza de San Luis.

El valle donde crece este árbol (Foto 4) es una zona con grandes recursos naturales, de hecho, está habitada ya desde la Edad del Bronce, cuando surge el poblado de Riópar Viejo, en el que han dejado sus huellas todas las culturas desde entonces hasta su progresivo abandono, que empieza a finales del siglo XVIII, debido a la creación de las Reales Fábricas en San Juan de Alcaraz, lugar al que se fueron trasladando los habitantes de Riópar y que adopta este nombre a principios de los 90 del siglo XX, dejando al antiguo como Riópar Viejo.


Foto 3. Riópar Viejo.

Estas fábricas surgen gracias a la iniciativa de un ingeniero vienés llamado Juan Jorge Graubner, que llega hasta aquí atraído por la noticia de la existencia de una mina de calamina, y se convierten en las primeras en España y las segundas en el mundo, puesto que en esta época sólo existían las de Goslar (Hannover). Su creación conlleva, como hemos dicho, muchos cambios en la zona, y aunque hayan desaparecido como tales, la tradición del bronce sigue ligada al municipio. Sin embargo, esto también tuvo su contra sobre los bosques, y desde que en el año 1781, tras muchas dificultades, se echó todo el agua del río Mundo por la presa de Laminador, causando el movimiento de la rueda y máquinas del martinete de cobre se inició una época en la que hubo una gran deforestación en los montes de los alrededores al objeto de surtir a las mismas del carbón vegetal necesario para su funcionamiento, puesto que el uso de carbón mineral no se generalizó hasta bien entrado entrado el siglo XVIII en Gran Bretaña, donde Abraham Darby fue pionero en su utilización,  comenzado a producir hierro en torno a 1711, por primera vez.

Foto 4. Valle de Riópar-río Mundo, desde encima del nacimiento de éste.

Y ya nos centramos en la descripción de este singular majuelo que nos acompaña en el día de hoy:

En el lado Sur sus ramas tocan con los chopos de una plantación maderera de Populus x canadensis (Foto 5). En el momento que se proceda a descepar la zona tras el corte  de esta plantación de chopos debería cuidarse de no subsolar en el entorno del majuelo para no dañar sus raíces y, por ende, a él. Pero hasta ahora existe una relativamente buena convivencia entre los chopos madereros y el espino, sin que haya excesiva competencia por los recursos.

Foto 5. Plantación de chopos madereros junto al espino albar.

El árbol es trifurcado desde la misma base y fabrica gran cantidad de madera de reacción a tensión para compensar los desequilibrios provocados por contingencias ambientales y humanas, pudiéndose observar como los cordones de leño vivo dibujan líneas paralelas entre sí y perpendiculares al suelo (Foto 6)


Foto 6. Vista de los brazos principales del árbol.

Es posible comprobar las inadecuadas uniones que el árbol posee en ciertas zonas, como la cruz del brazo principal (Foto 7) donde se observa como la rama principal oeste no está adecuadamente unida al tronco, sino que un surco separa la albura de ambas, circunstancia que pone en claro riesgo de desgaje a dicha rama.


Foto 7. Unión  "defectuosa" de brazo principal.

Afortunadamente el árbol ha reaccionado colocando en perpendicular al suelo la parte apical de la rama principal comentada (Foto 8), para que las fuerzas que soporta la unión al tronco sean menores, reduciendo así el riesgo de desgarre por dicho lugar.

Foto 8. Rama principal corrigiendo su crecimiento para equilibrar mejor su peso.

Por lo demás, el árbol también ha colocado abundante madera de reacción a fuerzas de compresión, llegando a superar el soporte colocado el propio diámetro de la rama a la que apoya (Foto 9).

Foto 9. Rama principal inclinada con gran cantidad de madera en su base para soportar su peso. 

Por otro lado, el majuelo ha perdido su guía varias veces (Foto 10), reactivando otras ramas a tal efecto, sin embargo, dadas sus limitaciones biológicas, pues como sabemos es arbusto,  no puede crecer más en la vertical, de hecho , su copa está estabilizada en sus dimensiones actuales. 

Foto 10. Zona central del árbol, obsérvse la perdida de dominancia de la guía. 

Por lo demás, esta limitación de crecimiento al no ser una especie arbórea le resultará a todas luces muy poco beneficiosa para competir con la noguera que han plantado hace menos de tres años junto a su copa (Foto 11), la cual acabará deteriorando, por simple competencia a este magnífico espino albar.

Foto 11. Noguera plantada junto al majuelo, competirá con él en un futuro próximo. 

Acompañando también a nuestro majuelo en la ribera cercana del río de la Vega, nos encontramos zarzas (Rubus ulmifolius), carrizos (Phragmites australis), chopos (Populus nigra) y sauces de diversas especies, uno de ellos, una sarga blanca (Salix alba) de grandes dimensiones.

Foto 12. Zarza cercana al espino albar, formando parte de su entorno. 



FICHA BÁSICA


Especie
Crataegus monogyna
Nombre común
Majuelo, espino albar
Nombre propio
Majuelo de San Luis
Término municipal
Riópar
Provincia
Albacete
Altitud
934 m
Perímetro
1.15 m (Brazo mayor)
Altura
10  m
Superficie de Copa
101  m2
Edad aproximada
40 años
Estado de conservación
Bueno
Amenazas
Estatus legal
No
Plan de actuación definido
No



domingo, 19 de julio de 2015

Arce del Cantalar, Moratalla

Foto 1. Sierra de Villafuerte. Obsérvese el denso pinar y, en primer plano la repoblación con pinos
carrascos que, debido a la altitud, tienen un tono pardo-amarillento por el frío.

Bajo la cima de la Sierra de Villafuerte, en el Noroeste de la Región de Murcia, a 1.400 metros de altitud, nos encontramos el llamado Arce del Cantalar (Acer granatense), árbol monumental en esta región, donde no hay demasiados arces debido a su escasa pluviometría, y en la que vive refugiado en roquedos umbríos (Foto 2)  y  zonas más húmedas de Moratalla y Caravaca, en exposiciones norte a elevada altitud. 

Foto 2. Arce o parriza sobre roquedo en el cerro de Villafuerte. Al fondo el Calar de la Santa.

El árbol se encuentra inmerso en uno de los paisajes erosivos más espectaculares del sudeste ibérico, conformado por  pináculos de dolomías (Foto 3), roca con un gran porcentaje de carbonato magnésico, con gravas y arenas producto de su erosión que resultan ser un estresante soporte para la flora que crece sobre ellas, compuesta en gran parte por endemismos béticos: plantas exclusivas de dicho territorio, algunas de las cuales sólo se encuentran en la alta montaña de Orospeda

Foto 3. Paisaje de pináculos dolomíticos, originado por una la fuerte erosión del sustrato. 

Otra curiosidad botánica del entorno del majestuoso arce, es el escaso y endémico Narciso de Villafuerte (Narcissus nevandesis subsp. enemeritoi), del que restan menos de 200 ejemplares que viven dentro del mismo barranco donde está el arce y en las Fuentes Grandes, otro cauce 1 km al norte que da origen al arroyo Blanco.

Foto 4. Narciso de Villafuerte.

Situado el arce muy cerca del manantial del Cantalar, ya medraba de sus aguas antes de que el Vizconde de Frías, seducido por sus propiedades, solicitara la declaración de agua minero-medicinal, que le fue concedida el 15 de enero de 1891, eximiéndosele de la construcción de un balneario, obligación que conllevaba dicha clasificación, debido a la dificultad de acceso al manantial y por la baja temperatura del agua, alrededor de los 10ºC. Con ésta, hoy día, se embotella la marca Aguas de Cantalar.

Foto 5. Entorno del Arce de Cantalar, pueden observarse los nuevos arces hijos suyos.

Por sus dimensiones y su avanzada edad, unos 150 años, el Arce de Cantalar es un ejemplar singular que todavía posee vigor de crecimiento, pese al fuerte desmoche por terciado que sufrió por ultima vez hace unos 45 años, sus ramas surgidas por rebrote presenta bastante vitalidad. Si bien, en cualquier caso, el árbol tiene bastantes mermas estructurales consecuencia de dicha poda y de otras anteriores que han devengado en que su edad cronológica no se corresponda con su edad física, esta última a todas luces mucho mayor. 

Foto 6. Aspecto general del Arce de Cantalar.

El resultado de la tala de brazos principales es un árbol con estructura muy descompensada, al no ser ya natural ésta, que requeriría un manejo humano mediante podas adecuadas, para evitar la rotura de ramas (rebrotes) que ahora brotan de la cruz del tronco sin haber crecido de modo sincopado con él y, por tanto, descompensadas, sin mucha capacidad de anclar bien su base al tronco, por lo que al aumentar el tamaño de dichas ramas, terminan por partirse por su propio peso y el efecto vela ante el viento que las empuja más, cuanto más grandes se hacen.

Foto 7. Aspecto general del Arce de Cantalar.

Pese a todo el desajuste estructural comentado, el arce intenta equilibrar su geometría para no romperse, en la medida de sus parcas posibilidades (tras el desmoche),  es por ello que sus ramas principales originadas como rebrotes compensan hasta cierto punto su peso oponiéndose unas a otras al crecer (Foto 8).

Foto 8. Compensación geométrica entre ramas por oposición.

Por lo demás, la reacción de madera a tensión sobre la base del tronco en dirección este casi no puede darse, por estar la zona ocupada por grandes rocas junto al fuste (Foto 9), lo cual hace que la parriza tenga que reaccionar colando madera de compresión en lado oeste (Foto 8), para no derrumbarse en dicha dirección.  

Foto 9. Rocas junto al tronco en lado este del arce.

En cualquier caso, como no hay mal que por bien no venga, el estado de vejez inducida por las fuertes podas que  se practicaron sobre el árbol, provoca que ahora éste tenga oquedades en el tronco pudiendo ofrecer ciertos nichos para la fauna que quiera instalarse en él. Además, la disponibilidad, de madera vieja muerta permite a los hongos saprófitos utilizar dicho recurso. Si bien, todo esto habría sido más típico que apareciese sobre el árbol cuando este ya tuviese algunos siglos de edad.


FICHA BÁSICA


Especie
Acer granatense Boiss.
Nombre común
Arce, parriza
Nombre propio
Arce de Cantalar
Término municipal
Moratalla
Provincia
Murcia
Altitud
1.400 m
Perímetro
2,85 m.
Altura
10  m
Superficie de Copa
85 m2
Edad aproximada
150 años
Estado de conservación
Regular
Amenazas
Si
Estatus legal
“Catálogo regional de flora silvestre protegida de la Región de Murcia (Anexo I del Decreto 50\2003 de 30 de mayo, BORM de 10 de junio de 2003)”, con la categoría de especie “En peligro de extinción”.
Plan de actuación definido
No


domingo, 12 de julio de 2015

Majuelo, espino albar "Crataegus monogyna Jacq."

El majuelo o espino albar "Crataegus monogyna", cuyo nombre genérico viene del adjetivo griego krataios (fuerte, robusto) en alusión tanto a su dura madera como a su longevidad, debe el epíteto específico monogyna, a la única hoja carpelar que posee su pistilo.

Foto 1. Majuelo con porte arbustivo en flor.

Es el majuelo un arbusto o pequeño árbol caducifolio, hermafrodita, espinoso, que puede alcanzar los 10 metros de altura, con porte irregular más o menos oblongo, copa redondeada. 

El tronco, en ocasiones bien definido, un poco tortuoso, con corteza pardo-grisácea, muy agrietada en los ejemplares viejos, como el que vemos en la Foto 2, de unos 40 años de edad.

Foto 2. Espino albar singular, en Haza de San Luis, Ríopar

La ramas son extendidas, espinosas, siendo las más jóvenes de color pardo-amarillento o rojizas, glabras o algo vellosas, y con hojas alternas o agrupadas, con 3 a 7 lóbulos desiguales, con un peciolo generalmente glabro de 8 a 20 mm de largo.


Foto 3. Detalle de hojas y ramas.

Los brotes, tallos y hojas tiernas se utilizaban como verdura silvestre en distintas regiones. Normalmente se comían por el campo, quitando las espinas y pelándolos.

Florece de febrero a mayo en el sudeste ibérico aunque en las regiones más frías al norte de España sigue en flor hasta julio, siendo las mismas blancas, con 5 pétalos y numerosos estambres, con anteras de rosas a rojizas, muy utilizadas en diferentes fiestas, como vísperas de San Juan, Corpus, San Isidro, para adornar puertas y ventanas, altares o imágenes en procesiones, así como para perfumar las casas, puesto que  tienen un olor a miel que se detecta desde muy lejos.

Foto 4. Detalle de flores, con sus numerosos estambres.

El fruto, que aparece de agosto a octubre, es un pomo poco carnoso, ovoide, de unos 10-12 mm de largo, que en principio es verdoso y finalmente rojo, y contiene normalmente sólo una semilla en su interior.

Foto 5. Majuelas.

Estos frutos, llamados majuelas, tienen escaso valor nutritivo, pero han sido muy consumidos en épocas de escasez, era frecuente que los niños los tomaran también como golosina o entretenimiento, y en algunas regiones se llegaban a almacenar para su consumo como pasas o elaboración de mermeladas, y aunque actualmente su empleo en la alimentación humana es poco frecuente, éste parece que tiene un origen prehistórico, según prueban los hallazgos arqueológicos de semillas (Font Quer, 1961).

Foto 6. Detalle de las grandes y fuertes espinas.

Una de las características principales del espino albar son, claro está, sus espinas, que son usadas en la comarca de Sayago, Zamora, donde las llaman “sovinas”, como punzones para cerrar las tripas de los chorizos en la matanza y pincharlos antes de dejarlos curar. Estas espinas también hacen que sea utilizado en setos que ni hombres ni animales se atreven a cruzar, ya que los pinchazos con las mismas son muy dolorosos e incluso pueden llegar a producir infecciones.  

Son sus hábitats los bosques abiertos, matorrales y roquedos, sobre todo tipo de terrenos, desde el nivel del mar hasta los 2.200 m, en ambientes de semiárido a húmedo. En  clima seco-semiárido tiende a refugiarse en los bosques de ribera y otras zonas con compensación hídrica edáfica. En la Foto 7 lo vemos en la Sierra del Gavilán, en Caravaca, junto con Pinus pinaster.


Foto 7. Majuelos y pinos rodenos.

Se distribuye por toda la Región mediterránea, Europa centro-septentrional y, por Asia, hasta Siberia y el Himalaya. En la península ibérica se halla bien distribuido, como vemos en la Figura 1.


Figura 1. Distribución de Crataegus monogyna en la península ibérica.

En cuanto a usos y tradiciones, el majuelo es muy utilizado como pie o patrón portainjertos, normalmente de otras rosáceas, como acerolos, manzanos, nísperos, membrilleros, perales o serbales, de hecho, ya en el siglo XII Ibn al-'Awwan describe esta capacidad, mencionando también su precoz floración y su longevidad.

Por otra parte, es una convicción extendida en algunas regiones de España que el espino albar es una planta benéfica, protectora de los rayos en las tormentas, por ejemplo, creencia que se basa en que Jesucristo fue coronado de espinas; de hecho, sus ramas se usan en algunos pueblos para elaborar dichas coronas en las procesiones de Semana Santa.

En otras zonas también se creía que tenía la propiedad de conservar la castidad, por lo que las madres colocaban ramos en las habitaciones de las hijas solteras (Obón & Rivera 1991)
Quizá esta última creencia, así como la suposición de que sus espinas provocan somnolencia (de hecho uno de los usos medicinales de este arbusto es como relajante) es la que ha llevado a especular con la posibilidad de que "La Bella Durmiente" debe su sueño a un pinchazo con una de ellas (Daniel Climent i Giner. Mètode 71, Otoño 2011.), ya que las ruecas y los husos son uno de los utensilios que habitualmente se han hecho con su madera, y están presentes en algunas de las versiones de este cuento de hadas.


Figura 2. La princesa durmiente. Víctor Vasnetsov.
Fuente: Wikipedia
La dureza y resistencia de su madera, asi como su peso, han hecho que sea utilizada en otros utensilios además de las ruecas, bastones para dirigir al ganado o varear los olivos, mangos de diversas herramientas, como hachas y azadas, e incluso cubiertos y espátulas de cocina.

En cuanto a su uso medicinal está muy extendido, si nos damos una vuelta por la web veremos muchos anuncios de herboristerías, como los que reflejamos en la Figura 3, en los que se vende para diversas dolencias. Estos usos están justificados por su composición química, y las indicaciones terapéuticas aprobadas por ESCOP (European Scientific Cooperative on Phytotherapy) están referidas a la insuficiencia cardiaca grado II, alteraciones del ritmo cardiaco de causa nerviosa y como coadyuvante en tratamiento de alteraciones de la función cardiaca o circulatoria. Sin embargo, algunos especialistas la consideran no apta para automedicación, debido a la posibilidad de interacciones con ciertos fármacos no descritas hasta el momento, al poder provocar efectos sumativos sedantes perjudiciales como se ha visto en otras especies que actúan sobre el sistema nervioso.

Figura 3. Diversos remedios elaborados con espino blanco.
Fuente: Webs de referencia.